sábado, 1 de octubre de 2016

- CARTA AL DESTINO 41: "El hombre sospechoso"

A quien lea esta carta, quiero que sepa algo:

No importa ni día ni horario, existe un hombre eternamente sonriente.

Siempre esta parado en la segunda puerta del edificio. No llama la atención, aunque es alto, de fuerte porte en tendencia curvilínea; tiene un poco de panza, un bigote bien cortado en justa medida; pelo canoso y corto solo en los costados de las orejas, el resto es calvo y a veces usa gorro. Es un hombre adulto. Generalmente esta vestido con jeans, camisa o remera, zapatillas, alguna de sus dos camperas de invierno o verano. Reitero, nada llamativo, excepto por una cosa: siempre esta sonriente. 

No es una sonrisa forzada, ni exacerbada, sino de esa leve natural, o de boca un poco mas abierta pero que mantiene una situacion facial bastante pareja, solo genera que los ojos se achiquen un poco en curva, nada mas. Su musculatura facial esta casi inmutable. Su cuerpo es pesado, sin embargo parece que levita cuando se mueve; me resuena a un tipo de monje asiático trasladándose como flotando por sobre la tierra. Uno sabe que existe el mecanismo corporal de movimiento del tipo erguido-humano, pero solo ve un cuerpo sin peso que se traslada. Este hombre en general esta parado quieto, pero las pocas veces que lo veo trasladarse, es en un perímetro de 2 por 2 metros como máximo. Ni siquiera lo veo llegar, ¿que acaso se aparecerá ahí? No solo eso, siempre esta solo y sonriente; ahí mirando y saludando, a veces lo cruzo justo en diálogo fugaz con alguno que otro, pero sino…solo. 
No es guardia de seguridad y no es habitante del edificio; lo se porque en un comienzo lo saludaba cordialmente con movimiento de cabeza, pensando que cumplía alguna función, sin embargo me enteré que no. Me sentí engañado. Desde entonces todo cambió aunque el siga ahí, hace 6 años, igual que siempre.

¿Quien es?, ¿Que hace?, ¿Cuando llega? ¿Cuando se va? ¿Que le pasa que siempre esta sonriendo?. 

Sospechoso.

Tanto me incomoda que evito cruzar miradas a toda costa; hago lo posible de sincronizar mi ritmo para pasar detrás de un árbol al momento que el podría verme; llegué a veces al punto de ignorarlo descaradamente, aunque a veces no me queda otra que saludarlo.

Y lo mas insólito del asunto es que solo es:
- hola
– hola.

Solo eso.

Cuando tengo la suerte de pasar mientras el conversa con otro, disfruto sin sentirme culpable de mi mala actitud. A veces de lejos y en diagonal ya cruzo la calle estratégicamente antes de llegar a la esquina, pero ya se que al pasar me ve, y en mi mente imagino que me sigue con la mirada esperando lo que corresponde (no se con que cara porque no me doy vuelta a ver). Tremendo momento, no solo ya le adjudiqué presencia, sino que me encima me convierto en un maleducado. 
Otras, vengo pensando en cualquier cosa, y no puedo cambiar la ruta de mis pasos cuando veo que está y ya es demasiado tarde; simplemente me resigno al destino, pensando: “ ¡ohh, esta el hombre sonriente!, ¡que pesado!”; mi injusticia humana me lleva a adjudicarle el calificativo de “pesado” cuando solo me dice “hola”.

Es que esa sonrisa insoportable, silenciosa, semi oculta debajo del bigote, que se yo.  A veces pienso que no es de este planeta -pero no dejaré en evidencia este aspecto del vuelo de mi imaginación provocada por este ser de alta estatura y sonriente en un punto cualquiera de una calle cualquiera sin hacer nada mas que eso-

Finalmente con esta carta dejo en evidencia dos cosas:
Una: que admito mi excentricidad y neurosis de evitar a toda costa esta mínima interacción con este buen hombre (…o malo, ¡ojo!, ¿tanta sonrisa?) sin motivo alguno mas que su cualidad; y otra: que existe alguien como el en este mundo. 

Con todo y molestia creo que es este vínculo tácito, una manifestación de belleza; esa implícita entre dos cuerpos que reaccionan solo porque están presentes.

Hércules me mira fijo


El Crudo.

Pd, me pregunto si alguien mas en el barrio habrá notado esto.

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