miércoles, 28 de septiembre de 2016

- CARTA AL DESTINO 40: "Oda al espíritu de un solitario"

Amigo, 

Caminando por la calle de los solitarios secretos, pienso que por alguna razón o sin ninguna estoy lleno de ellos; algunos quizás sonsos, o quizás no, pero repercuten en mi vida. Este vínculo con el secreto me atrae, me es inevitable, me condena.
Ahora pienso en la conversación de las chicas de al lado; ellas se aman.

Estoy solo, esta es una tendencia de mi espíritu, supongo que busco la soledad y esto me libera tanto como me genera dolor - es curioso, esos días de peso siempre sueño con gente del pasado, presente o futuro, junto con quienes me encuentro atravesando alguna aventura. 
Mientras escribo esto sentado en un banco de plaza, van pasando comparsas por la calle, con tambores y mujeres bailando.
¡Que poder el del tambor!

El Crudo

viernes, 26 de agosto de 2016

- CARTA AL DESTINO 39: "Para Ulises 3"

Me quede pensando en Penélope; leo sus cartas y me pregunto ¿como transforma esa espera, fuga indefinida, en energía vital? ¿Cómo no la ha consumido o hecho colapsar? Quizás sus cartas sean una vía de escape a la locura.

Ulises,

Demasiada intensidad puede consumir a un cuerpo, demasiada moderación lo adormece. ¿Acaso el amor sobrevive al exceso?, y si no lo hiciera, se transformaría en una desquiciada muerte lenta, o explosiva (según cada espíritu). Probablemente nuestra forma de evadir la muerte, nuestra evolución, sea este viaje de intensidad equiparable a la nuestra.

Ulises, quiero volver a sentir perdición, quiero volver a sentir que desaparecen los límites de mi cuerpo. No me interesa que me miren con moderación, quiero sentir amor.

Entre la negrura brillan tus ojos, solo tus ojos.

Penélope

15 -09 – 2015

Hay quienes aprendieron caminar por una cornisa - saltar, correr, detenerse repentinamente, girar, caminar hacia atrás, tambalearse- y no perder el balance.

El Crudo.

jueves, 25 de agosto de 2016

CARTA AL DESTINO 38: "Para Ulises 2"

Miro a Hércules en su andar unívoco. Quedo inmóvil, mirándolo moverse tan lentamente, tan concretamente; poco a poco entro en un estado hipnótico. Cruzo una puerta transformadora hacia el olvido de mi mismo, sin embargo, nunca mas presente. Quizás sus patitas sean el engranaje de una enigmática máquina del tiempo…

Querido Ulises, amado

Tus batallas son famosas e inspiran a muchos hombres. Siempre creí que te habías alejado de mi por tu gran ego, pensé que debías probar tu fuerza, tu talento de hombre (como lo hacen los machos de una manada) y mi amor solo era un aspecto mas de esta necesidad tuya. Hoy me doy cuenta que no interesan esas razones, acaso si fueran ciertas, ¿acaso seremos idénticos?.
Somos seres solitarios, somos una idea del amor. Dos nubes que se cruzan frente al sol, se mezclan en una forma contundente y concreta, y luego se convierten en agua que cae al mar o a la tierra. Pensar que quizás estas muy cerca, y sin embargo no se nada de vos. No se si te volveré a ver.
No se si te reconocería. Luego de tanto tiempo, crecimos y evolucionamos
¿Será posible hoy el amor entre nosotros?

Penélope
7 de septiembre de 2015



La cordura de Penélope es un enigma, como sus cartas.

El Crudo

viernes, 8 de julio de 2016

- CARTA AL DESTINO 37: "El comienzo de un policial"

Hace algunos días en barracas desperté en medio de la noche (3 o 4 de la madrugada) escuchando el grito de un hombre desesperado:

"¡Se muere se muere! ¡¡noo!!! ¡se muere! (entre sus gritos se escucha que alguien habla a lo lejos pero no se entiende que dice) y este muchacho vuelve a decir a los gritos: ¡No me importa! ¡¡¡solo se que se muere!!! ¡¡¡se muere!!! ¡por favor! ¡¡se muere!!

Fue breve pero tan intenso que cuando hizo silencio, fue de tal silencio, una dimensión descomunal.
Desconcierto e inmovilidad producto de esa situación que me encuentra entre el sueño y la vigilia, sumado al subsiguiente silencio de este muchacho, hizo que mi reacción solo sea quedarme expectante a ver que pasaba, y me volví a dormir...

Al ratito me vuelvo a despertar pero por lo siguiente:

Alguien comenzó a tocar un saxofón tenor. Primero tocó unos sonidos al aire, sueltos, que quedaban vibrando en la soledad durmiente de la noche y luego tocó una melodía que repitió un par de veces. 

Timbre dulce y trágico expandiéndose entre los departamentos y el parque Lezama, en ecos penetrándolo todo, absolutamente.  (como cuando un lago esta en calma y se tira una piedrita que hace ondas perfectas) 

Todo sucedió tan rápido y entre sueños. 
Quedó esa resonancia.

Me volví a dormir.

...

Quizás aquella persona que comenzó a tocar el saxo era la misma que gritaba, o quizás solo era alguien que (como yo) se despertó por sus gritos, y que desde algún balcón o escondido detrás de alguna ventana abierta, en algún piso estaba socorriendo a ese hombre como mejor nadie pudo (siendo que no había nada para hacer) con una melodía que en sonidos podía estar expresando: ¡te escuche!!! ¡¡¡¡¡¡te escuchamos todos en el barrio!!!! ¡nadie pudo / supo ayudarte! ¡¡¡Lamentamos tu sufrimiento!!!

Como en aquella saga de "Elige tu propia aventura, hay 50 posibles finales", me atreví a realizar una pobre interpretación porque me sentí en una película, y nunca sabré que fue lo que realmente pasó (ojalá no haya muerto nadie, sino acepta mi falta de empatía), solo me queda pensar que fue un perfecto final para un policial.




...


Al día siguiente, cuando recordé tal evento pensé: si eso fuera ficción sería un cliché y por lo tanto probablemente desmerecido por las gentes cultas del cine y del arte; sin embargo, fue la vida, una resonancia espontáneo-azarosa entre gentes desconocidas, un día cualquiera, en Buenos Aires en medio de la madrugada. Nunca lo olvidaré, tampoco sabré, que fue lo que realmente pasó.


El Crudo
Y Hércules, quien, como corresponde, camina por ahí muy lentamente

miércoles, 26 de agosto de 2015

- CARTA AL DESTINO 36: "La ventana, el niño y la paloma"

Destino, no destino, no se que es tal cosa, nunca lo supe, solo se que miro al horizonte y eso me gratifica como hacer un pozo en la tierra, me tranquiliza, me intriga, me inquieta, me estimula; destino es para mi, hoy, la compañía invisible y escucha de un amigo que esta muy lejos y a quién no se si volveré a ver, como sucede entre el sol y la luna.

Hércules, todo negro, me mira fijo y redondo, no pestañea, esta quieto, tan quieto que desaparece y parece de piedra, no hay intencionalidad en su cuerpo de coleóptero; yo lo miro fijo, pestañeo, estoy quieto pero me muevo inevitablemente, mi cuerpo de humano siempre se mueve impulsado por el corazón, que es un misterio.


Hace dos días me sentía un poco invadido por el pasado, recuerdos que me perdían en un espacio detenido de por vida; miraba por la ventana(*) hacia el horizonte del Río de la Plata, los edificios, pájaros volando y en las antenas; los árboles del parque, la gente caminando, todo estaba ahí en su mundo y yo en el mío invadido convirtiendo todo en pasado; hasta que repentinamente como un flash suave y maravilloso presté atención a una situación inolvidable:

Desde la enorme distancia, vi a un niño corriendo una paloma enorme con hermosos movimientos propios de quien esta descubriendo una dimensión nueva en la vida: cuerpo, voluntad, velocidad y fuerza (algo que se re-descubre sin cesar en cada etapa del cuerpo). Corrió esa palomota hasta que se tropezó y esta salió volando. Tan simple, tan gracioso y tan real correr una paloma y tropezarse. 

El niño se levantó sin preocupación y cambió el rumbo que estaba ahí nomás. Mira hacia su derecha, y a menos de un metro ve un nuevo desafío: pasar de lado a lado de una pared a media altura. Se para en frente a esta sin pensar y se tira encima del mini paredón curvo queriendo cruzarlo, pero queda a medio camino en equilibrio haciendo fuerza. Baja y se va corriendo en la dirección en la que salió volando la paloma (destino que estaba fuera de mi vista y la inercia de mi imaginación construyó algo muy hermoso que no tenía forma de nada en particular, solo plenitud) 

¡Volvió! (sabía que esa valla no lo iba a dejar vencido) pero esta vez se detuvo un instante frente al paredón, imagino que tomando coraje, y nuevamente repite exactamente el mismo movimiento corporal. Que increíble que aún mirando esa situación a esa distancia en la que me encontraba, desde la cual no podía distinguir rasgos de su pequeño rostro, podía sentir la fuerza que estaba haciendo para lograr pasar del otro lado la pierna izquierda. Nuevamente quedó en el aire suspendida buscando subirla y ¡lo logro! ¡Subió todo el cuerpo y pasó del otro lado! Maravilloso. Y mientras yo estaba exaltado de felicidad, el sin festejar abiertamente siguió corriendo hacia otro pilar mucho mas bajo, ya no parecía desafío para el...todo seguía su curso…


Ser feliz por una pavada, eso si que esta bueno.

Pasado, presente, futuro, ¡que mas da!, es todo una misma cosa que se muestra en capas de transparencia. Y nada mas real que la tierra para tomar conciencia del cuerpo.

Hércules me sigue mirando, inmóvil, no le interesa nada de lo que acabo de contar…porque es un coleóptero.

¡Viva!

El Crudo.


(*)¿siempre habrá ventanas cuando se viaja al pasado?

viernes, 31 de julio de 2015

- CARTA AL DESTINO 35: "Quiebres 1"

Un antes y un después de la lluvia;
Antes y después de ver a un hombre cualquiera sentado en un bloque de cemento, con la pierna flexionada y la mano en la cabeza;
Antes y después de juntar hojas húmedas del parque;
Antes y después de bajar el juguete de un perro del árbol con una escoba;
Antes y después de ver un barco de carga pesquero en el horizonte;
Antes y después del 12 de diciembre de 1013;
Antes y después del colectivero anarquista, un justiciero incorrecto;
Antes y después de la espontaneidad de un extraño de Venecia;
Antes y después de mis amigos de la Av. Caseros;
Antes y después del trago "Diablo";
Antes y después de quien te dice luego de un arrebato hormonal: “me alegro que tengas ese costado vivo”;
Antes y después de la penumbra luminosa en una sala;
Antes y después de una fondue de queso que aun no comí;

Quiebres al azar...